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jueves, 7 de noviembre de 2013

La soja, alta traición

Cada día más, encontramos nuevos formatos que permiten el consumo de soja en nuestra alimentación. Pues la verdad es que hay que conocer las propiedades y funciones de la soja para que nos permita el consumo saludable de ésta. La información sobre este producto es en ocasiones escasa y contradictoria. 

Empezaremos por decir que la soja es una legumbre emparentada con las judías y los guisantes, con un alto contenido en proteínas; se utiliza en la alimentación humana y en la del ganado. La incorporación a nuestra dieta se remonta a siglos atrás en el continente asiático. La población no comía productos no fermentados de soja porque contiene grandes cantidades de toxinas naturales o anti nutrientes. Sus principales componentes son inhibidores enzimáticos que bloquean la tripsina y otras enzimas necesarias para la digestión de las proteínas. También contiene haemaglutina, una sustancia coaguladora que hace que los glóbulos rojos se agreguen. Estas sustancias son inhibidoras del crecimiento. De hecho, existen estudios practicados en ratas a las que alimentaban con soja con muchos nutrientes, y a pesar de ello, no conseguían crecer. 
Los compuestos que inhiben el crecimiento se desactivan en el proceso de fermentación. 

Estudios científicos vinculan el consumo de soja con problemas hormonales procedentes del tiroides, así como la aparición de bocio. La soja tiene un alto contenido de ácido fítico, que puede bloquear la absorción de minerales en nuestro organismo, sobre todo en el caso del cinc (que nutre nuestro sistema nervioso), causando problemas gástricos. 

Por otro lado está la asociación de la soja con el cáncer. En 1996 investigadores observaron que las mujeres que consumían concentrado de proteína de soja tenían una elevada incidencia de hiperplasia epitelial, una enfermedad que, en ocasiones, desencadena cáncer. A raíz de este estudio, se observó que la ingesta de genisteína estimulaba las células de la mama a entrar en el ciclo de división celular, lo que llevó a los autores del estudio a concluir que las mujeres no deberían consumir soja como método de prevención. 

Para más información, podeis consultar los siguientes enlaces: Efectos negativos del consumo de soja, Peligros del consumo de soja

domingo, 3 de noviembre de 2013

Las E de nuestra vida

A propósito de la última noticia en tecnologías para la alimentación: Aplicaciones para conocer los aditivos alimentarios, vamos a hablar sobre esas sustancias que cada día consumimos y sobre las que no conocemos demasiado. 
Cada día que realizamos la compra en el supermercado, seleccionamos productos que vienen repletos de "E" en su reverso. Para aquellos que no lo sepan, son aditivos alimentarios. Se definen como "cualquier sustancia que, independientemente de su valor nutricional, se añade intencionadamente a un alimento con fines tecnológicos, en cantidades controladas". 

Los aditivos cumplen principalmente cinco funciones: 
  1. le dan al alimento una textura consistente y lisa. (Emlsionantes, estabilizadores y espesantes y agentes antiapelmazantes).
  2. Mejoran o conservan el valor nutricional: bebidas fortificadas y enriquecidas, por ejemplo. 
  3. Conservan la salubridad de los alimentos protegiéndolos frente a bacterias y otros microorganismos.
  4. Controlan el equilibrio ácido-básico de alimentos y suministran fermentación. Hay aditivos que ayudan a modificar este equilibrio para poder conseguir un determinado sabor o color. 
  5. Suministran color y mejoran el sabor.
A pesar de esto, hay aditivos peligrosos para nuestra salud, este es el caso del aspartamo (E951) que se encuentra en alimentos "sin azúcar"; se trata de una neurotoxina probablemente cancerígena. 
Otro aditivo a evitar es el glutamato monosódico (E621). Es un aminoácido que se utiliza como potenciador del sabor; es una sustancia que sobreexcita células hasta el punto de la muerte y su consumo regular puede causar daños secundarios adversos. 

En el enlace se puede ver una lista de los aditivos más comunes y  los más peligrosos. 


miércoles, 30 de octubre de 2013

La leche: ¿aliada o enemiga?



Existen multitud de investigadores que mantienen que el consumo de leche es beneficioso para el hombre, bien sea para ayudar al desarrollo de huesos y dientes. El calcio se encuentra en la leche en la mayoría de los casos, por eso expertos mantienen que debemos consumirla diariamente para mantener la masa ósea en nuestro cuerpo. 

Por otro lado, cabe destacar que el ser humano es el único mamífero que consume leche después de la lactancia materna; es especialmente frecuente entre los individuos de raza caucásica, mientras que la población mundial no consume lácteos o consume una cantidad muy pequeña. Además, este hecho tan significativo es relacionado en ocasiones con el cáncer de mama y de próstata, que son muy raros en poblaciones como Japón o China (apenas consumo de lácteos). 
Del mismo modo se plantea la posibilidad de que los casos de intolerancia a la lactosa justifiquen o sirvan como argumento de los detractores del consumo de leche. 

La tendencia entre los investigadores se inclina cada vez más hacia el hecho de que la leche ha sido diseñada durante la evolución de los mamíferos como el alimento imprescindible para el crecimiento, y también para cubrir el período de tiempo entre el nacimiento y la maduración del sistema digestivo. Y de nuevo aparece la relación con el cáncer, porque el crecimiento rápido y posterior a la maduración suele ser el cáncer

A continuación os dejo un par de enlaces en los que, muy a mi pesar como consumidora habitual de leche, se explican las evidencias de la leche no es tan saludable como muchos creíamos.